La toma de decisiones
¿Qué es una decisión?
Una de las actividades que
repetimos con mayor frecuencia a lo largo de nuestra vida es la toma de
decisiones. Pero, nuestras decisiones no siempre son sometidas a reflexión
seriamente. En algunas ocasiones no somos conscientes de la manera en que todas
nuestras decisiones han sido tomadas ya.
En una decisión hay muchas
cosas implicadas. Decidir es una cuestión de armonía personal, significa que
nuestras emociones se hermanan en la forma más productiva.
Las organizaciones también
viven cotidianamente movidas por decisiones que se suceden sin interrupción.
Con frecuencia, la operación cotidiana de las organizaciones y los cambios que
se trata de implantar en ellas encuentran numerosas dificultades. Sin embargo, se
hubieran podido evitar con el simple hecho de involucrar a todos los
interesados y los afectados en la toma de decisiones correspondiente. Otras
situaciones humanas afectan también de manera importante a la toma de
decisiones. Las personas acudimos a las organizaciones plenamente deseosas de
aportar nuestros recursos. Cuando las cosas suceden de manera distinta a la
esperada y experimentamos la sensación de que nuestro talento está siendo
desaprovechado, nos encontramos ante la disyuntiva de aceptar que la
organización puede funcionar muy bien sin nuestra participación o bien, para no
salir tan lastimados, empeñarnos en demostrar que lo que se nos propone es un
error que se convertirá en fracaso.
Muchas veces los problemas no
se resuelven en la forma adecuada porque, en el análisis de los mismo y en el
proceso de la toma de decisiones que lleva consigo, los responsables de
enfrentar las dificultades carecen de la visión del sistema en el que pretenden
incidir.
Dentro de una organización
tradicional, los niveles de decisión están estrechamente vinculados con los
niveles jerárquicos de las personas. Sin embargo, en las últimas décadas esta
concepción ha ido cambiando radicalmente, ya que se ha comprobado que las
personas con mayor jerarquía no necesariamente son las que conocen mejor los
problemas operativos de las organizaciones, ni las decisiones individuales son
las más creativas y eficaces.
Sea cual sea el proceso
elegido, los pasos que generalmente se siguen en la toma decisiones son los
siguientes:
1) Determinar cuál es el sitema sobre el que se pretende
establecer una decisión.
2) Determinar quiénes serán idóneos para tomar las decisiones.
3) Identificar las opciones o alternativas
4) Identificar los atributos u objetivos relevantes
5) Establecer algún mecanismo de ponderación de dichas
alternativas.
6) Elegir entre las alternativas aquella que mejor nos
conduzca a los objetivos propuestos.
7) Verificar el impacto de la decisión tomada para identificar
los posibles ajustes que se requiera instrumentar.
Al parecer, la desconexión
entre las emociones y la razón nos conduce a una situación en la que no podemos
traer de nuestra memoria emocional los recuerdos asociados con la valoración
que hemos hecho anteriormente de la misma o de situaciones similares.
La inteligencia no es capaz,
por sí sola, de ayudarnos a lograr el éxito en nuestros negocios, nuestras
actividades o en nuestra vida. Más importante que ella es la manera como
logramos armonizar las emociones y la razón. Ser inteligente no es una garantía
de éxito. Todas nuestras interpretaciones de lo que sucede a nuestro alrededor
o de nosotros mismo surgen dentro de un cierto estado emocional que nos
recuerda cómo nos hemos sentido previamente ante esa misma situación, o ante
situaciones análogas, lo cual influye en la manera como interpretamos.
El éxito en la vida laboral y
familiar es para aquellas personas que son capaces de tomar las decisiones
acertadas en todos esos campos, gracias a su aptitud para interrelacionarse y
para manejar adecuadamente sus estados emocionales.
La inteligencia emocional se
basa en la habilidad de la persona para identificar sus propios estados
emocionales, en la habilidad para manejarlos, para automotivarse, para
reconocer emociones en los demás y para establecer relaciones interpersonales.
Las técnicas para decidir
proporcionan una guía sobre los pasos que se deben seguir para tomar la
decisión correcta. Mencionaremos algunas de las más utilizadas:
1) Entrevistas a expertos que son considerados como tales por
su amplio o profundo conocimiento sobre un tema en particular. Se obtienen
nuevas perspectivas.
2) Análisis de tendencias que siguen los fenómenos sobre los
cuales pretendemos decidir.
3) La técnica Delphi ( o Delfos), que consiste en presentar a
un grupo de expertos las posibles alternativas ante una situación determinada,
sin que ellos tengan accesos a comentar entre sí sus puntos de vista en
relación con las posibilidades de elección. Se repite el ciclo de tres a cinco
veces para que el grupo llegue a una sola posición en conjunto.
4) La técnica TKJ se emplea para detectar posibles causas de
los problemas, así como para proponer soluciones a los mismos (tarjetas donde
expresan puntos de vista, sobres).
5) El árbol de decisiones consiste en diagramar los eventos
posibles que se desencadenarían a partir de cada una de las alternativas que
consideramos para solucionar un problema determinado.
6) Otros: Jerarquización analítica, diagramas de influencia,
modelos probabilísticos, etc.
Los avances recientes en
computación han permitido el desarrollo de simuladores automatizados. Esto
facilita la toma de decisiones, ya que sin necesidad de probar en la realidad
los cambios y esperar para observar qué es lo que sucede con ellos.
Los mejores métodos de la toma
de decisiones son aquellos que disminuyen al máximo los riesgos de: 1) analizar
equivocadamente el problema y sus causas 2) generar conflictos entre los
integrantes 3) afectar negativamente la autoestima de los miembros 4) propiciar
ineficiencia o improductividad 5) elevar los costos de operación.
Los estilos de toma de
decisiones son: autoritario, administración participativa, decisiones por
mayoría, cabildeo, consenso o unanimidad y concordancia (el estilo más
efectivo).
Decidir es una fuente de poder
y quizá esto sea lo que más atemoriza a muchos de los directivos de nuestras
organizaciones. Experimentar la competencia constituye un elemento necesario
para propiciar en los seres humanos la confianza en sí mismos, que es
indispensable para asumir riesgos.
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